De los quince a los veinte años

¡Qué cambios en la vida de un joven!
A veces me preguntaba ¿como es posible que a mí me haya ocurrido una cosa semejante?
¿Qué había hecho yo para merecer esto?
Supongo que son las mismas preguntas que se hace todo el mundo cuando le ocurre algo semejante o peor. Las enfermedades aparecen sin previo aviso.No hay nadie que piense que en un momento dado puede aquejarle cualquier dolencia, que aunque sabemos que la vida es así y algo puede sobrevenir, casi nunca se había pensado que sería tal o cual enfermedad. Que debería acudir a las visitas de los médicos especialistas y que se te llenaría el cerebro de un sin fin de preguntas que no tienen contestación ni explicación alguna.

Así es la vida y así hay que aceptarla, aunque a veces es difícil, a menos que se trate de un carácter tan especial, tan meritorio, tan lleno de serenidad y comprensión como lo fué el de mi querida esposa Margarita, la cual cuando estoy en estos momentos empezando este libro, se cumplen seis meses de su fallecimiento. Sufrió un cáncer de mama, pero todo ello hablaré más adelante, pues forma parte de un episodio de mi vida, quizás el más intenso que he vivido, Nuestro matrimonio duró veintisiete años, seis de los cuales (los últimos) nos han llenado de zozobra, desasosiego, angustia y alarma ante la vida o la muerte. Y ahora yo sólo, ante la perspectiva de vivir los años que me restan sin ella, que es lo más triste. Pero bueno, todo esto como digo pertenece a un posterior período donde en su momento hablaré largo y tendido.

Quince años cumplidos y el comienzo de un viacrucis. Digo esto, no para asustar a nadie si no para dar a entender que en aquellos tiempos, los adelantos en materia de diabetes eran muy pequeños. Los médicos estaban algo verdes y los libros que yo conseguía, todos hablaban en términos negativos, de forma completamente nociva para el diabético, por las consecuencias a medio o largo plazo de esta dichosa Dulcinea.

Me hablaron de herencia genética. Yo no tenía ningún antepasado mío que fuera diabético. Ni por parte de padre ni por parte de madre. Ahora que se ha ido investigando más el origen de la enfermedad , parece ser que hay unos anticuerpos que atacan a las células BETA Y ALFA que son las productoras de la insulina y que como todos sabemos están instaladas en el páncreas.

Se llenó mi mente de malas interpretaciones, me llegaban malas noticias de todas partes, en aquél tiempo me parecían flechas totalmente envenenadas, que me hacían un daño psicológico tremendo. Me asustaban y me perjudicaban las opiniones de la gente de la calle, los libros que leía y las caras de los endocrinólogos y sus comentarios que aunque querían tranquilizarte, no lo lograban, habida cuenta de la información que alcanzaba de lleno a mi cerebro. Solo diré al respecto que en mi mente se fué formando un susto obsesivo, daba por sentado que antes de pocos años me quedaría ciego, los riñones no funcionarían y el corazón empezaría a fallar.En definitiva lo que técnicamente y en términos médicos se le llama microangiopatía. Qué absurdo que lo veo ahora, después de haber sido diabético durante cincuenta y un años y teniendo los sesenta y seis cumplidos y encontrarte completamente bien, en perfectas condiciones físicas y mentales. Les decía a mis padres que yo no llegaría a los 30 años, pensaba que de esta forma no se podía vivir. Os hará reir pero a los 30 decía que no alcanzaría los 40. Cuando cumplí lo 40 decía que a los 50 y así he llegado al momento actual. Ahora ya no tengo que pensar en el día de mañana pues ya estoy en él. Sabéis lo que pienso ahora: que por el tiempo que me queda de estar en el convento me...........dentro. Siempre consideré mi situación como de extrema. Mi cerebro ya se iba mentalizando que yo sería el primero de la familia en desaparecer y ahora veo lo estúpido que fuí. Resulta que soy el último.Completamente solo en la vida.
Amigos míos: Procurad no caer en este pozo psicológico. No os dejéis influenciar por opiniones gratuitas de gente de la calle. Los que no lo sufren no saben nada de nada. Al contrario, toda la información que os dén os la van a dar equivocada y esto os producirá una enorme cantidad de preocupaciones y temores que lo difícil será sacároslo de encima. Procurad hacer lo correcto, sed disciplinados en las comidas, (administrad bien los ingresos de hidratos de carbono) respetando el horario, la hora de la insulina y el ejercicio y olvidaros de los efectos secundarios, pues "miradme a mí". Reflejaros en mi persona.
Para terminar de hundirme, un día cayó en mis manos una revista médica donde había un estudio hecho por un médico de renombre, donde decía que los diabéticos, más pronto o más tarde, todos estaban predestinados a quedarse completamente ciegos. Ahora pienso ¡qué burro era este hombre! ¿Como podía opinar semejante idiotez?. ¡Qué sabía él de lo que me iba a pasar a mí y a otros muchos como yo!. Supongo que a él también le pasaron cosas y seguramente ya estará muerto y enterrado.
Cuantas barbaridades tuve que oir, soportar y aguantar. Todo negativo sin pizca de esperanza. Los análisis de glucosa en sangre no existían. Para saber como estabas, debías acudir al laboratorio y el analista te extraía la sangre para saber (sólo en aquel preciso momento) como estabas de glucemia. El resto de los días debías hacerte un análisis de orina para conocer "muy erróneamente"el estado en que estabas de glucosa en orina, pero no en sangre. Digo erróneamente ya que todos sabemos que no tiene ninguna valor el resultado de un análisis de orina, habida cuenta que la orina se acumula en la vejiga y puede ser de dos o tres o cuatro horas de líquido almacenado. A menos de que vayas a orinar y después al cabo de media hora repitas, entonces la orina es reciente y podía dar un resultado más o menos orientativo (más menos que más), pero no fiable. Actualmente sabemos de sobras todos los diabéticos, que cuando aparece azúcar en la orina, es que el dintel de excreción ha sido rebasado y por ello asoma de la sangre a la orina, donde tiene el campo abonado para hacer de las suyas y molestar al "cliente".

Bien: voy a empezar a hablar de mis primeros pasos con la diabetes encima. El primero en diagnosticar mi enfermedad fué el Dr. Bonet, médico de medicina general del pueblo de Lliçá d’Amunt, con el resultado del primer análisis en la mano, nos dijo a mi padre y a mí de lo que se trataba. Ya empezó a hablar de inyecciones de insulina, régimen y otros consejos para sobrellevar tal situación. Empezó dándome una inyección diaria de insulina rápida, al mediodía, antes de comer. No hablaba mucho, "cosa que agradezco" pues en aquellos tiempos, como digo al principio solo oía malos pronósticos. Supongo que debió pensar que lo que tuviera que suceder ya sucedería en su momento, pero que yo ya me iría enterando poco a poco. No fué necesario. Ya se preocupó la propia gente de la calle de comentar lo de la ceguera, riñones, corazón y otras invenciones que después no han sucedido.

Explicaré un poco, como mero comentario histórico, como se hacían en aquellos días los análisis de orina. Consistía en coger un tubo de ensayo, ponerle unas cuantas gotas de dos clases de reactivo, añadirle gotas de orina y hacerlo hervir encima de un trozo de algodón hidrófilo empapado de alcohol. Si cuando ya estaba hirviendo, el líquido mezclado se volvía de un color amarillo suave, era que no había mucho azúcar. Si se transformaba en un color marrón , señal de bastantes gramos de azúcar pero si señalaba un marrón muy fuerte, entonces ya podías prepararte pues estabas al máximo. Sólo si quedaba completamente verde o azul, quería decir que no había ni indicios. Sí amigo lector o diabético, no teníamos la suerte de poseer unas tiritas que actualmente utilizamos en las cuales insertando un poco de sangre (una vez pinchado el dedo), la metes dentro de un aparatito(los hay de diversas clases y marcas) y te da al cabo de un minuto o menos, el resultado de glucemia en sangre. Quiero dejar constancia aquí de lo útil que es tener estas tiras. Si eres disciplinado y procuras controlarte un par o tres veces al día, con los correspondientes pinchazos de insulina, seguro que el resultado será vivir con salud. Cito esto para que os déis cuenta de la suerte que tenemos, comparado con mis tiempos iniciales.

Lo de una inyección de insulina al día, como ya debéis suponer no funcionó. Tenía unos altibajos tan fuertes que era imposible estar compensado las 24 horas del día. Está muy claro, solo quemabas lo que comías al mediodía o sea durante los seis u ocho horas que dura el efecto de la insulina, "en aquél entonces no existía la insulina retardada", pero después, en las otras comidas, nada de nada. Subidas espectaculares que además iban acompañadas de acetona, cuyos síntomas son: inapetencias, náuseas, mareos, vómitos, malestar, irritacion y mal funcionamiento de todo el cuerpo. Sabemos que la acetona es un veneno que si no es eliminado por los hidratos de carbono produce estragos en el cuerpo. Pero claro¿ como eliminarla?, pues está muy claro, te das mas insulina que quema los hidratos de carbono y estos eliminan la acetona. Así de claro y así de sencillo.
SUGERENCIA.
Compañeros, si algún día observais que hay acetona en vuestra orina, aumentar tres o cuatro unidades la insulina y comer más hidratos de carbono. Veréis como desaparece. Después, cuando podáis, decirlo al médico para que confirme lo que habéis hecho.

Bueno: voy a hablar de los primeros especialistas endocrinos a los que me llevó mi padre a visitarme.El Dr. Bonet junto con un farmacético de Granollers llamado Sr. Parera, me indicaron que uno de los mejores en Barcelona, era un tal Dr. Camps Juncosa. Pedimos hora de visita y acudimos allí un día por la tarde.Aquello fué tremendo. Nos trató de tan malas maneras que no sabíamos a qué era debido. Supongo que estaba de mal humor.Vete a saber porqué. La visita, recuerdo que la hizo bien, pero el trato horrible. Pero lo más asustadizo en aquél momento fué que me prescribió tomar tres inyecciones de insulina rápida al día.O sea, una en cada una de las tres comidas. No salíamos de nuestro asombro. Mira que pincharse tres veces al día. Parecía imposible de aceptar. Como es de suponer no nos conformamos con esto. ¡Ojalá lo hubiésemes aceptado. Otro gallo cantaría!. Aún hoy en día es lo mejor que se puede hacer a un diabético, que se pinche tres veces con insulina rápida que dicho sea de paso tiene una duración de 6 a 8 horas.(yo lo hago cuatro, los americanos también). Ya sé, algunos médicos dirán que es una barbaridad, yo puedo demostrarles que nó (cito aquí a un médico sueco que dijo "maldita la hora que se inventó la insulina retardada"). Me explicaré: La insulina retardada tiene una duración aproximada de 16 a 18 horas y va quemando la glucosa paulatinamente, pero nunca se absorbe igual. No tiene una regularidad constante. A veces lo hace antes y otras después. ¿Que pasa? pues que los diabéticos normalmente comemos en un horario fijo, por tanto el ingreso de hidratos de carbono se produce a la misma hora y en cambio la insulina retardada empieza su acción a las 2 horas y se absorbe con retraso unas veces y avanzada en otro, por lo cual las subidas o bajadas de glucosa son más frecuentes y como consecuencia de ello aparecen las malditas hipoglucemias cuando se adelanta o las hiperglucemias cuando se retrasa. Con la insulina rápida esto no pasa. Siempre actúa con los mismos perfiles durante las 6 u 8 horas.

Bien; acudimos a otro especialista llamado Dr. Monguió de bastante nombre en el Hospital Clínico de Barcelona, pero fuimos particularmente. Este nos gustó más (craso error). Nos habló de que había salido una insulina retardada "Protamina Zinc" que tenía una duración de 24 a 27 horas y que funcionaba muy bien y que con un pinchazo en ayunas tendría bastante. En aquél momento se me abrió un poco el corazón. Pensar que solo era un pinchazo y que duraba para todo el día y la noche. Parecía la panacea, pero nó. Me prescribió mezclar en la misma jeringa 20 unidades de insulian rápida y 30 de retardada protamina zinc.Así lo hice durante años, pero las hipoglucemias eran constantes hasta llegar a perder el conocimiento y en algún caso entrar en coma. Igual estabas muy elevado de glucosa que bajabas enormemente. Lo peor de la retardada es que cuando se produce una hipoglucemia, va viniendo muy lentamente (por lo despacio que va la insulina), tan lentamente que no te dás cuenta y así vas perdiendo el conocimiento y la noción de las cosas. Sin embargo, no te enterabas de estos altibajos, porque como ya digo al principio no podía hacer un analisis de sangre con tiritas ( no existían), solo te fiabas del de orina que no era real. Entonces tenían que correr a darte azúcar o zumo de naranja para recuperarte.

El Dr. Monguió me hacía un tratamiento a base de corrientes eléctricas con el cual estimulaba la hipófisis, pues en aquél tiempo tenían la vaga sospecha que esto tenía que ver con la diabetes. Recuerdo que yo tenía ya diecisiete años o dieciocho, quería jugar al fútbol como todos los chicos de mi edad. Este médico me dijo que cuando tuviera que jugar un partido, ( lo hacíamos el domingo por la tarde) a la hora de comer podía tomarme un plato lleno de arroz a la cazuela, pues con el ejercicio de la hora y media que dura el partido ya gastaba los hidratos de carbono que ingresaba de más. Tengo que decir que no iba tan mal pero nunca bien controlado. Jugué durante cuatro años al fútbol, incluso algunos decían que lo hacía bastante bien, pero dá igual. Solo lo menciono para que el diabético que tenga la paciencia de leerme, sepa que la diabetes no es motivo para que puedas dejar de hacer ejercicio y duro si conviene, sin excesos claro está. Jugaba al ping-pong, al ajedrez, al baloncesto, al billar e incluso hacía teatro con un grupo bastante bueno de aficionados del pueblo. Bailaba, me gustaba mucho y sigue gustándome. Más tarde tuve la suerte de encontrar a mi esposa Margarita que también le gustaba el baile y cuando acudíamos lo pasábamos muy bien(pero esto forma parte de otro período que ya comentaré).

Fueron tiempos difíciles de postguerra, con bastante escasez de alimentos. Las naciones dieron la espalda a Franco, ya que en casi todos los paises habían instaurado una democracia y por tanto no aceptaban una dictadura tan represiva, limitando libertades. ¿Qué pasó?, no se podía importar lo que fuera necesario y por tanto pasamos un tiempo con una falta de insulina enorme. Tenía que tratarme con una insulina fabricada en un laboratorio español "IBYS", no era insulina purificada como la que venía de los Estados Unidos, recuerdo que era la "Welcome". Pero con todo, gracias por tenerla, pues pasamos muchos apuros para poder conseguir la Welcome. Íbamos de farmacia en farmacia, pidiendo favores por todos lados. El caso era obtener algún frasco. Sabemos de sobras que el "diabético sin insulina no tiene vida". Téngase en cuenta que siempre estoy tratando de explicar mis experiencias y por tanto estoy hablando de diabéticos juveniles o de mediana edad que no pueden pasar sin ella. Otros pasan con régimen y nada más y otros lo hacen con comprimidos.

A trancas y barrancas fuí saliendo adelante; como ya digo anteriormente, hice muchos deportes y actividades lúdicas. Era la edad y en cierta forma y hasta donde podía la aprovechaba al máximo. Y en ciertos aspectos tengo que reconocer que lo pasé bastante bien. Disfrutaba jugando al fútbol, bailando, jugando al billar, al ajedrez, al ping-pong y hacía teatro, pero cuidado, no todo a la vez. Pasé períodos con un juego y otros con otro. Cuando tenía 18 años empecé a salir con una chica de 15. Bailábamos, íbamos al cine y todo cuanto se hace en estos años de juventud. Fueron consolidándose unas relaciones que al final terminaron en noviazgo. Y yo con mi diabetes, con la insulina mezcla de rápida y retardada. Unas veces hiperglucemia (la mayor parte) y otras hipoglucemia y así fuí tirando, pero mal. Como que no estaba compensado, tenía problemas. Ahora lo recuerdo muy bien: algunas veces estaba irritable, más de la cuenta, orinaba mucho, delgado y comía con desgana. Estoy seguro que la mayor parte de las veces no solo era el azúcar sino que también la acetona estaba presente. Cuando sentía algo de inapetencias decía que no digería bien, tomaba bicarbonato y esto me limpiaba un poco el estómago y por tanto quemaba las grasas acumuladas. Seguí yendo al trabajo como de costumbre y además por las tardes me salió un empresa de transportes "Manent" que me ofreció ir a hacerle facturas mensuales. Acudí varios años. Esto me llenaba por las tardes (no todas), pero entre la Seguridad Social, esta empresa y la barbería cubría bastante todo el tiempo.Llegó la edad de que te llaman a quintas "Servicio Militar".
Amigos diabéticos: Hay que tener muy en cuenta un hecho que yo experimenté durante mucho tiempo. Ahora me doy cuenta. Siempre estaba inquieto, con angustia, irritabilidad muy acentuada a veces y con muy poco humor. En estos momentos es cuando puedo afirmar que todo era debido a la mala compensación que tenía con mi diabetes. Por tanto, yo os digo, si procuráis tener debidamente compensada y equilibrada la toma de insulina con los hidratos de carbono que ingresáis, todos estos síntomas os desaparecerán, evitaréis las posibles pero no probables complicaciones y viviréis con alegría y satisfacción. Y os diré más, los que estén a vuestro alrededor también lo notarán. Se darán cuenta que vuestro carácter ha cambiado. Exclamarán: ¡antes no era así!. Tenía malhumor y era más uraño.

SERVICIO MILITAR.-

El recuerdo que tengo es alucinante. Me llamaron al alistamiento y como es natural alegué mi enfermedad. Me citaron a reconocimiento al Hospital Militar en Barcelona. Ingresé allí, me colocaron en una sala al lado de veinte o treinta reclutas que igualmente alegaban algo. Le dije a uno de los jefes que estaban allí que yo era diabético y que debía darme una inyección de insulina y que comía a base de régimen. Me contestó que allí todo el mundo debía pasar por el mismo rasero. Resultado: Cené algo no tomé ninguna inyección de insulina y al día siguiente, por la mañana desayuné sin pincharme ninguna vez. A media mañana empecé a hacer una hiperglucemia tan grande que llegó a ser un coma diabético. Alcancé una cifra de seiscientos, comencé a vomitar, tuvieron que correr a darme insulina y reanimarme como pudieron. Los mismos amigos que había hecho el día anterior se asustaron. Llamaron a mi padre para avisarle de lo que pasaba. Vino y también se asustó. La cosa estaba muy mal y no sabían como recuperarme. Al final me dejaron ir a casa donde me fuí recuperando paulatinamente. Al cabo de un mes, recibí el fallo del tribunal médico: Me declararon "Servicios Auxiliares". Este fallo , en aquellos momentos representaba que cada año y durante cuatro, debería ingresar en el Hospital Militar para un nuevo reconocimiento. Me enfadé, rabié, juré contra todos ellos y contra el sistema. Recuerdo que tenía una rabia en el cuerpo que si hubiese estado en mi mano poder hacerlo, algunos habrían recibido su merecido. Pero era imposible. Aquello era un bosque militar y debías aguantarte. ¿Qué pasó?, pues que hice recurso, y sorpresa, al cabo de un tiempo, cuando ya estaba bastante rehecho de lo que me aconteció, me vuelven a citar para volver a ingresar otra vez en el mismo Hospital Militar. Lo hago nuevamente y pasó lo mismo, pero acentuado, un coma diabético tremendo, vómitos, acetona, inconsciencia total. Fué tan grave que incluso me trajeron un cura militar que me confesó y me impuso la extremaunción. Al cabo de dos días ya me devolvían a casa, podéis imaginaros como estaba. Débil perdido. El médico que me atendió en este Hospital me citó antes de irme y me dijo: estás muy mal. Cúidate porque es muy serio lo que tienes, (este era amable). Pasado un tiempo recibí el fallo declarándome "inútil total para el Servicio Militar".

Sigo con la insulina retardada y con el régimen, pero no tenía ni puñetera idea del valor alimenticio ni calorífico de cada alimento que tomaba. Seguía unas normas que me había recetado el médico, pero sin conocer mi real estado, pues como ya indico al principio, no existían ni tiritas para hacerse análisis de sangre. Si querías uno, debías acudir al laboratorio y conocías como estabas en aquél preciso momento pero como ya sabéis, aquello no significaba nada, ya que durante el día a un diabético juvenil le ha cambiado varias veces su glucemia en sangre. Por esto os digo al principio, que no sabéis la suerte que tenemos ahora de poder incharnos el dedo y saber en todo momento nuestra "glucemia en sangre". Si hubiese podido tener un gráfico de mi glucemia las 24 horas del día, seguro que nos habríamos asustado de tantos "dientes de sierra " como se hubiesen observado.

Este relato sé que es un poco pesado, pero vuelvo a repetir que lo hago por que pienso que así os daréis cuenta de lo importantes que son los contínuos análisis de sangre. Actualmente me hago tres, uno en ayunas, otro a media tarde y el último cuando me voy a la cama. Si por alguna razón no me encuentro muy bien y noto cualquier causa de malestar por motivos desconocidos o lo que sea, da igual, entonces me hago un análisis cada hora de comer y dado que yo como cinco veces al día me lo hago también antes de cada comida. ¡Cuidado! No vayáis a creer que todo el día me estoy atiborrando de comida. Cuando yo personalmente y sin ayuda de ningún médico me hice el tratamiento a los 50 años, decidí repartirlo de esta forma, pero en pequeñas dosis de alimentos en cada comida. De esta forma el ingreso de hidratos de carbono van entrando muy poco a poco y por tanto el cuerpo nunca va lleno de ellos y le es posible metabolizarlos mejor. Ya digo al principio que me pincho cuatro veces al día (la insulina rápida dura 6 horas por tanto, durante las 24 horas son cuatro pinchazos). Creedme, nunca había estado tan bien como ahora. En este momento he comprobado el promedio de un mes y el resultado es 116. La hemoglobina glucosilada da un resultado de 5.1, cuando lo normal está considerado entre 4.5 y 7. Bueno de todos modos de esto ya hablaremos más adelante, pues es a los 50 años es cuando empecé con ello, Hasta entonces fuí haciendo altibajos pero hay muchas vivencias por explicar antes de llegar a los cincuenta.

SUGERENCIA: amigos míos, no os saltéis nunca, nunca, nunca en vuestra vida, una inyección de insulina. Sería fatal y muy perjudicial. Podéis llegar a un coma profundo.
Esto que os digo queda demostrado por el relato que os hago sobre el Hospital Militar . Queda completamente claro que si dejas de darte una sola inyección de insulina y por tanto alterando el tratamiento de las 24 horas, el metabolismo sufre una crisis de insulina, el cuerpo la necesita y queda sin suministro. ¿Que pasa?, que sube el azúcar en sangre de una manera bárbara, se desata la acetona y todo el sistema grandular u hormonal sufre una alteración difícil de controlar. No vale aquello de que "como no voy a comer nada no necesito insulina". No es verdad; el cuerpo siempre necesita una insulina basal las veinticuatro horas del día y si no, observad lo que dicen los médicos: Dicen que con las bombas de insulina que hay hoy en día, el diabético queda más compensado. ¿Por qué?, pues porque durante todo el día tiene una micro-entrada de insulina que hace las funciones del páncreas. Supongo que estaréis enterados, pero por si alguno no lo sabe, os diré que las bombas de insulina además son prácticas para que en las horas de las comidas pueda pulsar un conmutador que suministra el número de unidades para quemar los hidratos de carbono que ingresas en aquella comida. Esto lo comento para demostrar lo que digo anteriormente. "EL CUERPO NECESITA ESTAR LAS VEINTICUATRO HORAS DEL DIA CON UNA PEQUEÑISIMA CANTIDAD DE INSULINA EN LA SANGRE" Y SI TE SALTAS ESTO, SUFRIRÁS LAS CONSECUENCIAS, LAS CUALES TE CASTIGARIAN ENORMAMENTE EL SISTEMA METABÓLICO Y ENDOCRINO".

Quien sufre antes de tiempo
sufre más.
De un libro de Dale Carnegie.