De los veintiuno a los treinta años de edad.

¿Quién pudiera tener ahora 21 años? Con los conocimientos que tengo ahora sobre la Dulcinea. Lo llevaría tan bien, que hasta creo que lo tendría enteramente en mis manos; me parecería mentira que un diabético pudiera encontrarse a gusto con su enfermedad. Ya os he dicho que carecíamos de medios, de conocimientos y posibilidades, por tanto tenías que ir bailando al son de la música que tocaban en aquel momento. De todas formas, aun con todas las imperfecciones y defectos, puedo decir que salí adelante. Cuando recuerdo todo lo que pasé me doy cuenta que "soy un luchador". Sí amigos míos, tal como lo manifiesto. ¿Porqué lo digo?, pues ahora empiezo y veréis que por mal que lo paséis, siempre hay o ha habido alguno peor. Ya lo dice el refrán "nunca somos tan felices ni tan desgraciados como creemos, siempre hay algo peor".

Cuando cumplí los 21 años y mientras estaba trabajando un día se me ocurrió pensar que yo no oía tan bien como el resto de las personas. Empecé a comprobar que tenía un oido que no funcionaba igual de bien que el otro. Sin embargo pensé, bueno no pasa nada. Te defiendes muy bien y casi no lo notaba. No obstante al cabo de un tiempo ya fuí dándome cuenta que la cosa iba empeorando, eso sí, muy paulatinamente, casi sin darte cuenta, pero seguí su curso.Como pasa con todas las enfermedades, ya viene un momento que atiendes más que aquello no es normal y empiezas a pensar si deberías acudir a la consulta de un especialista Otorrinolaringólogo. Dejas pasar otro período de tiempo, pero al final te decides, pues la cosa va empeorando. Desciendo al Ambulatorio que teníamos en la planta baja del mismo edificio y pido al médico Dr. Salvá si puede hacerme una visita. Me hicieron pruebas y más pruebas. Resultado final: el otorrino me dice que sufro una enfermedad llamada "otoesclerosis" y sin miramientos me dice que a la larga me voy a quedar sordo como una campana. Solo os pido que os imaginéis como me impactó esta noticia. Me asusté tanto, me quedé tan traumatizado que no sabía ni donde estaba. Como os he dicho antes, no tenía bastante con el miedo horrible que tenía a quedarme ciego que ahora además me dicen que quedaré sordo total. Cogí la motocicleta que tenía, una "Guzzi" que me había comprado con todo el dinero que tenía ahorrado y al salir del trabajo, cuando estaba atravesando el paso a nivel de la estación Renfe, quería quedarme bloqueado allí, el tren estaba a punto de pasar y si se me llevaba se habrían terminado todos mis sufrimientos. Pero no lo hice, aún tuve el suficiente estado de ánimo para sobreponerme, llegar a casa y explicarlo a mis padres, llorando desconsoladamente. ¡Qué angustia¡. Lo que pasé y sufrí aquellos días solo Dios lo sabe, no os podéis imaginar lo que pasa por dentro de un joven que a los 21 años, además de la diabetes y sus consecuencias, le dan una noticia como esta. Dice el refrán "para saber lo que piensa un ruso hay que ser ruso". Pues igual, si no lo sufres no puedes entenderlo, es tan fuerte que vas como sonámbulo, te pierdes en tus pensamientos tan negativos y llenos de temor. No hay forma de describirlo, o al menos yo no la sé esta forma mágica. Solo sé que lo sufrí, lo viví y posteriormente lo solucioné.

Ya digo que soy un luchador, pues a pesar de todo seguí adelante y por cierto, me defendí muy bien en todos los terrenos. En la oficina cada vez estaba mejor valorado, con las chicas pues me iba bastante bien y en los negocios fenomenal. Me desenvolví tan estupendamente que hasta yo y mi familia se quedaban sorprendidos. Mi padre estaba orgulloso de mí. Por la mañana trabajaba en la oficina, por la tarde hacía de viajante de embutidos y por la noche comprobaba los resultados de una fabriquita textil , que compartía con otro socio.Y el sábado por la tarde y domingo por la mañana ayudaba a mi padre en la barbería.

No paraba de trabajar. Pero el rendimiento o ingresos míos eran fantásticos, pasé unos cuantos años que me entraba dinero por todas partes. Repito, creo que era un luchador. Mis ahorros adelantaban mucho. A mi padre le ayudaba, aportando a la economía familiar la mitad del sueldo del empleo que tenía por la mañana y el resto era para mí. ( qué suerte tener un padre así). Me compré un cochecito llamado "ISSETTA". . Eran unos coches en forma de huevo, la única puerta que tenía se abría por delante y allí cabían tres personas.Gastaba mezcla de gasolina y aceite y tenía un motor de cuatro tiempos. Por cierto, me fué muy bien durante seis o siete años, hasta que lo cambié por un "SEISCIENTOS". En aquél tiempo era lo único a lo que podías acceder. Los otros coches eran demasiado caros para comprarlos un ciudadano de a pié. Eran pocos y caros. Pero es igual. Tanto la Issetta como el Seiscientos me fueron de maravilla. Me servían para ir al trabajo por la mañana y después por la tarde, me iba a visitar los clientes que había ido consiguiendo para venderles embutidos. Aunque sé que me hago pesado, voy a explicaros como sucedió lo de la ser viajante de embutidos.

Llevaba la contabilidad de una empresa chacinera. Iba todas las tardes de 4 a 9 o sea cinco horas cobrando a 3,’ ptas. la hora, sí, sí, tal como lo leéis. A este precio cobraba. Salía de la empresa con los ojos cansados de tanto hacer facturas; las hacíamos a mano. Entonces no había ni ordenadores que te lo dán casi todo hecho, ni nada parecido. Todo a mano y sin máquina calculadora. Así pasé tres o cuatro años, hasta que un día empezó a rondarme una idea por la cabeza. Me pasaba algunas horas cada semana para calcular las comisiones que se ganaban los vendedores de Barcelona, Zaragoza y otras ciudades donde se enviaba el género. Me daba cuenta que ganaban una barbaridad, pues tenían un 5% de comisión sobre el precio de venta. Pensé que pasarme cinco horas cada tarde para ganar 15’ptas., cuando vendiendo un solo jamón ya podía cobrarlas de comisión, me hizo abrir los ojos. Se lo propongo al propietario y le digo: ¿No podría probar yo de visitar alguna tienda de Granollers para ver si podemos vender algo de género?.Me contestó, ¡que va!, allí aún lo pongo en duda pero lo máximo que se pudiera vender serían 25 o 30 kgs. de género a la semana. Poca cosa. No vale la pena. Sin embargo insistí y al final tomé una lista de precios de toda la variedad de género que fabricaban y un lunes por la tarde me lancé a visitar unas diez tiendas de Granollers. (Sin muestrario,solo con tarjetas de visita y precios). Sorpresa, sorpresa, aquella tarde vendí un jamón y 1’5 kgs. de salchichón. Resultado, me saqué 17’50 ptas. de comisión. Lo primero que se me ocurrió fué que prefería hacer visitas de estas, en vez de pasarme toda una tarde haciendo facturas para ganar lo mismo. Así empecé. Para no alargar el relato solo os diré que había alguna semana que hasta vendía 300 kgs. de género y veinte jamones. Era fantástico. Como ya he dicho anteriormente, soy un luchador(ya sé, soy repetitivo, pero me siento orgulloso de ello) y ya no tuve bastante. Empecé a seguir otras plazas como Mataró, Mollet del Vallés y Caldes de Montbuy. Incluso algo en Terrassa. Disfrutaba como un camello. Hasta llegó un momento que mi padre tenía que venir a ayudarme, pues yo no daba abasto.

No tuve bastante. Mi novia era tejedora de una empresa pequeña de tejidos. Llegó a mis oidos que se vendía. Eran cuatro telares, un urdidor, una canillera y una máquina de llenar carretes. Empecé a cabilar y al final propuse al hermano de mi novia si quería ir a aprender algo de contramaestre hasta que pudiera reparar estas máquinas.Se lo pensó, dijo que sí y ya nos tienes comprando toda esta maquinaria e instalándola en una nave de mi casa. Fué de miedo. Hasta tuve que sacarme un título de artesano textil para poder abrir la empresa de forma oficial. Tuve que pasar unos exámenes sin tener ni puñetera idea de lo que era un telar. Pero conseguí el título. Contratos de fueza eléctrica, personal asalariado. Hacíamos dos turnos. Se empezaba a las 6 de la mañana y se terminaba a las 10 de la noche sin parar. Duró siete años, los primeros cinco años fueron muy rentables. Ya pensábamos en comprar un terreno y construir una nave con una superficie mucho más grande ya que el negocio iba viento en popa. (Ya he hablado con anterioridad que tocaba varios negocios o trabajos a la vez). Sin embargo los dos últimos años, vino una crisis textil y ya no rendía lo suficiente ni para pgar el personal. Así terminó la historia. Fué vendido todo a precio de saldo.

Los negocios son así. Según dicen los expertos en financiaciones, esto tienen cinco años de subida o bonanza y cinco años de baja y crisis. Por tanto, más o menos se ajusta a lo que nos pasó a nosotros. Al final todo al garate, pero eso sí, siempre se aprende algo y se adquiere una experiencia que después a lo largo de los años te sirve de base para reaccionar en consonancia. SUGERENCIAS. Solo quiero que os déis cuenta con esta explicación del empuje que yo tenía a pesar de mi diabetes, mi futura sordera y tantos sinsabores como soportaba. Demuestro con ello que aunque seáis diabéticos no es obvio para que os arruguéis y os qudéis acurrucados, con miedo a todo y sin hacer nada por luchar en la vida como cualquier otro hijo de vecino. Somos iguales o mejores que los otros (los que no tienen azúcar). Somos más disciplinados, pensamos mejor y nos gustan las cosas bien hechas, somos ordenados, seguimos unas normas de conducta y aprendemos a respetarlas en todo momento. Por esto os digo: no os acobardéis, diciendo: "claro como soy diabético esto ya no puedo hacerlo. Podéis hacer todo lo que os propongáis. Si yo lo hice sin tener a mi alcance los avances que hay en estos momentos, con más motivos podéis hacerlo ahora. "ojalá tuviera veinte o veinticinco años" Aún me comería el mundo. Tengo los 66 y por ley de vida, tengo que retenerme.

Bueno, vamos a hablar más del asunto principal de este libro. Como que no me sentía compensado y desconocía la técnica, lo arreglaba comiendo muy pocos hidratos de carbono, solo verduras y carne. Pero a la larga esto no funciona, iba adelgazando, supongo que debido a tanto trabajo y no comer. Hasta que vino la tercera flecha que me paró en seco. Un día empecé a encontrarme mal, tenía fiebre, estaba mareado y no tenía hambre.

El médico me hizo la baja y me dijo que podría tratarse de un principio de pulmonía. Pero fué peor. Al cabo de pocos días ya me dijeron que era una bronconeumonía. Pero pasada una semana ya me declararon una "Tuberculosis Pulmonar". Pareció que me hubiesen clavado un cuchillo por la espalda. Tenía entonces 28 años.

No podía ser. Era demasiado para mí estado psicológico. Pasé días y días llorando y haciendo sufrir a mis padres. Toda mi vida he sido muy obsesivo, tanto que casi diría que se llega al sufrimiento físico y mental. "SOY UN ARIES". Fiebre y más fiebre. Médicos y más médicos. Diagnóstico final: "El pulmón izquierdo completamente lleno de cavernas y el derecho ya empezaba a llenarse. En este estado los médicos les dijeron a mis padres que no había solución (sin que yo me enterara). Recuerdo que un médico que también vino a verme llamado Dr. Plana, les dijo a los conocidos que tenía en Lliçá este comentario :"Es lástima porque este chico vale mucho pero no se puede hacer nada por él". De esta opinión me enteré mucho más tarde, cuando ya estaba curado. No obstante, aquí estoy, completamente sano. Sin haberme quedado ninguna secuela. "Él ya hace varios años que está muerto".

Para tratar a mi diabetes me cambiaron a tres tomas de insulina diarias, con cantidades enormemente altas, ya que las necesidades eran muy fuertes debido a la fiebre que dá esta enfermedad. Sigo pensando que debía haber seguido con este tratamiento insulínico pues estaba mucho mejor compensado. Pero no lo hice. Cuando estuve bien, el médico me dijo que ya podía volver a la única inyección de mezcla rápida y retardada.

Empezaron a tratarme a base de sulfamidas, hidracida e hidroestreptomicina. Tengo que destacar aquí el enorme interés que pusieron en especial dos médicos. Los recordaré siempre : uno era el especialista de pulmón y corazón llamado Dr. Ramón Pascual Clapés. Vino cada día a mi casa, después de pasar consulta en el ambulatorio de Granollers. El otro era el Dr. José Musté Oller, excelente médico y amigo, que residía y visitaba en Sta. Mª de Palautordera como médico de medicina general. Aún reside en la misma localidad, está retirado de la medicina, pero según tengo entendido va siguiendo el curso de los avances y descubrimientos de la medicina. Se dedicaron a mí, ahora que lo recuerdo, diría que casi con fanatismo de curarme. Y lo lograron. El primero cuidaba de mis pulmones. El segundo cuidaba de mis defensas. ¡Qué bien lo hicieron!. Esto si que fué un trabajo bien hecho. En favor del Dr. Musté debo hacer mención en este momento que siguió siendo un muy buen amigo mío y de toda la familia. Visitó a mi padre cuando empezó con el cáncer. Visitó a mi madre cuando le afectó una enfermedad, totalmente desconocida para nosotros y de algunos médicos que la visitaron. Era la enfermedad de "Horson". Ya cuando la dábamos por perdida, se la llevamos a su consulta, la visitó, auscultó, le apretó con los dedos detrás de las orejas en sentido vertical y ella exclamó "hay" que daño me ha hecho. Entonces el Dr. Musté dijo: Ya sé lo que tiene. Se trataba de una gran inflamación de las arterias. Le recetó cortisona, a razón de 12 pastillas cada día y fué bajando paulatinamente hasta que la declaró completamente curada. Esto ocurrió después de dos años de tratamiento ininterrumpido. En favor del Dr. Musté debo dejar constancia de lo que me dijo un amigo mío, farmacético de profesión: Cualquier otro médico no habría descubierto esta enfermedad. Es muy rara entre la población humana. Mi madre vivió muchos años aún. Falleció a los 82 años de edad. Ya lo explicaré en su momento pues va ligado a la enfermedad de mi esposa.
Con todo esto me olvidaba decir que estuve tres meses sin moverme de la cama. Leyendo siempre, a todas horas. Devoré una cantidad inmensa de libros. Cuando me permitieron levantarme, seguía quedándome en un balancín o mecedora leyendo todo el día. Ahora lo recuerdo como algo maravilloso. Me dí cuenta de lo que se mejora en cultura, en conocimientos y hasta en la forma de expresarte. La lectura es muy enriquecedora. Por desgracia no lo hacemos lo suficiente. Vivimos en un mundo demasiado exigente, con tantas prisas y egoismos que nos hace olvidar ciertas normas y pautas de conducta para enriquecer el alma.
En resumen, me curé totalmente de la Tuberculosis. Tanto es así que nunca más tuve problemas, ni secuelas ni nada en absoluto. Quiero demostrar con ello una vez más, que un diabético puede salir del atolladero en el que se encuentre como cualquier mortal o casi diría que mejor. "Recordad siempre una pauta: La toma de dos inyecciones de insulina siempre son mejor que una; la toma de tres inyecciones siempre son mejor que dos. Si en la noche, cuando vas a la cama te das una cuarta con algo de retardada para pasar toda la noche, mejor que tres." En verdad os digo: si lo hacéis así, viviréis con salud años y años. Vuestra vida será mucho más agradable y los familiares que tengan que convivir con vosotros lo agradecerán. Seréis otra clase de personas, más tratables, más amables, más condescendientes e incluso más humanizados.

"La Ilíada es una obra grande por
que toda la vida es una lucha. La Odisea
es también una obra grande por que toda
la vida es un viaje".
La lucha y el viaje son la naturaleza
de la propia vida, que una cosa es vegetar
y otra es vivir.

Chesterton.