De los treinta a los treinta y ocho años de edad.

OPERACION DE OIDO.

Pasado un año de convalecencia de la tuberculosis, vuelvo al trabajo. Un día entra en la oficina el Otorrino Dr. Salvá (hace muchos años que murió de cáncer) y me dice: oye Cladellas: ahora ya tiene solución lo tuyo del oido. He estado en Alemania e Italia especializándome en ello y ya estoy operando. Si quieres aprovechar la ocasión, los mil primeros que haga solo les cobro 1000’-ptas. de honorarios. Esto me sonó a gloria, pero le dije: Nó, de momento nó. Para mis adentros pensé que ahora ya sabía que tenía solución y por tanto no me importaba esperar, pues aún me desenvolvía muy bien. Cuando tuviera más práctica ya lo haría. De todas formas pasados unos tres años ya me hicieron la operación quirúirgica. Fué todo magníficamente bien. El tratamiento de la daibetes lo hice normalmente y lo dejaron enteramente en mis manos. Pasé tres días en clínica y después a casa. Quince días que tienes sufres algo de vértigo ya que tienen que penetrar en el oído medio e interno y claro está, esto siempre produce sus consecuencias. Pero bueno, todo pasó. Tenía entonces 32 años y ya había superado una buena cantidad de contrariedades. Recordad lo que comento en este libro, que tenemos fuerza suficiente para soportar lo que venga al igual que cualquier mortal, aunque seamos diabéticos. Os imagináis lo que me hubiera perdido en esta vida si hubiese sucumbido a la tentación de quedarme parado con la moto en medio del paso a nivel hasta que llegara el tren y me destruyera para siempre. Nunca, nunca, se debe abandonar. No sabemos si al cabo de un tiempo saldrá la solución. Y si no, aplicarse el refrán que dice que siempre hay alguien que está peor.

Vuelvo al trabajo como si nada hubiera pasado. "Otro revés": Rompo mis relaciones con mi novia. No congeniábamos. Llegué al convecimiento que lo nuestro no tenía solución. Paso un tiempo sin estabilizar mi vida. No tengo amigos con quién salir y me pierdo en este mar de soltería no sabiendo hacia donde dirigir mi vida. Tengo la ayuda de mis padres. Sin embargo repito: creo que el ser un luchador ayuda mucho. Me organicé. Conocí a unos amigos de Granollers, con los cuales salíamos de viaje. Conocí toda Italia (Lombardía, el alto adigio, por el sur Nápoles, el vesubio, Capri y Pompeya; por el este Rimini, Venecia e incluso Yugoslavia. Todo ello me dejó un muy grato recuerdo. Seguimos en otro viaje por Austria, Alemania y Suiza. El primer viaje lo hice a París, durante toda una semana. Es la ciudad que recuerdo con más nostalgia. Me encantó, me impactó y me dejó una huella imborrable. Si tuviera que escoger una ciudad en la que vivir escogería París. De día es fabuloso pero de noche fantástico. Recorrimos todas las salas de espectáculos. Eran fastuosos. En aquél tiempo no teníamos nada igual en Barcelona. Los viajes los hacíamos con coche propio, excepto el de París que lo hicimos en tren. Casi todos conducíamos y nos íbamos turnando. Lo pasé muy bien durante cinco años. Ibamos muy unidos pero yo personalmente me decantaba por otros derroteros. En invierno, cuando no había viajes, en días de fiesta y domingos íbamos al cine y al salir nos sentábamos en alguna cafetería a charlar y basta. (Ellos no bailaban). Yo notaba que me faltaba algo. Conocer chicas, bailar, conversar con ellas y todo lo demás. Resultado, que cuando salíamos del cine yo me iba al baile. Allí tuve ocasión de alternar con un surtido, diría que bastante aceptable, de chicas con las cuales intimabas más o menos pero siempre agradablemente. En plan de broma y que me perdonen las mujeres, les decía a mis amigos que yo tenía un gallinero y que cada año cambiaba mis gallinas por pollitas más jóvenes. Así pasé hasta los 38 años, que fué cuando conocí a mi esposa Margarita. Antes había hecho buenas migas con otra Margarita, con otra Germaine y otra Pepita (esta de Arbucies). Antes había tenido una segunda novia, llamada Araceli. Era preciosa. Un tipo estupendo, morenaza y muy cariñosa. Pero no funcionó. Duró seis meses. Sin embargo la que en un principio me impactó, me interesó e hice los primeros pinitos fué Margarita. Recuerdo que nos conocimos en el baile, en medio de la pista, al darse la casualidad de que una amiga suya con la cual estaba yo bailando, tuvo que irse y nos dejó allí en el centro mismo de dicha pista. Le pregunté si le apetecía bailar, dijo: bueno, y así empezó nuestra relación. Esta historia comporta un nuevo capítulo pues para mí fué el acontecimiento más importante de mi vida sentimental. Fuí muy feliz y estaba muy enamorado de mi mujer. Estaba orgullosamente satisfecho con ella. Podías presentarla a cualquier parte que siempre dejaba huella. Era buena, honrada, honesta y me quería. ¿Qué más podía desear?.

Quiero comentar antes de empezar este nuevo capítulo, que durante estos años o sea de los treinta para arriba, fueron los más productivos de mi vida. Trabajaba a todas horas, con una vitalidad que creo sería envidiable por parte de cualquier ciudadano "no diabético". Seguía trabajando en la Seguridad Social, estaba bien considerado por los compañeros y palpaba que incluso entre el público que acudía a nuestra oficina. Por las tardes empecé asesorando en asuntos laborales y de Seguridad Social a varias empresas. Sobretodo escogía empresas de mayor número de trabajadores, pues yo tenía el criterio que cuando tienes que leer cualquier normativa laboral, igual lo tienes que hacer por una empresa de un trabajador que por una de cien. Por tanto era mucho más rentable hacerlo por las grandes. Tenía algunas de cien o más trabajadores. Me desenvolvía muy bien y estaba bien considerado por los empresarios, que según podía comprobar me tenían toda la confianza, llegando a mis oídos que cuando tenían alguna duda sobre algún asunto laboral decían: si lo dice Cladellas ya está bien.

No tuve nunca que acudir a ofrecer mis servicios a ninguna empresa. Ellas venían a mí.¿Porqué?, pues por que yo les atendía y solucionaba y gestionaba todo en su propio domicilio. Cuando tenían algún problema o entraba algún trabajador a prestar servicios en la empresa, me llamaban y yo les decía"no hagan nada.Ya vengo enseguida". Tomaba el coche y acudía presto a solucionarlo todo. De aquella forma la gente estaba contenta y yo iba aumentando de clientes, hasta que vino un día que tuve que rechazar ofertas, por estar completamente lleno de trabajo. Todo esto ocurrió cuando la fábrica de embutidos empezaba a decaer y por tanto, perdía ventas pero ganaba clientes del otro ramo. Al final dejé lo de los embutidos y se lo hacían ellos mismos hasta que cerraron definitivamente.

Quiero dejar muy claro y repetir una vez más que nadie se crea que somos diferentes de los demás por el hecho de ser diabéticos. Somos completamente iguales. Tanto físicamente como mentalmente. Y digo más: sexualmente también. Y si no que me lo pregunten a mí que a mi edad aún puedo demostrar que estoy vivo. Recuerdo de una tonta opinión que me dió un médico, recién terminada la carrera, dijo: "Lo que pasa es que a los 40 años se pierde la potencia sexual y la mujer deja de menstruar". "Una mierda". Mentira total. Con el descubrimiento de la insulina se recuperaron todas las funciones. Otro burro que no sabía nada de nada. "Testigos: podrían serlo las mujeres que yo traté". ¡Cuanta palabrería¡ Incluso de médicos. Recordad lo que os digo en otro capítulo de mi libro. No escuchéis opiniones gratuitas que perjudican mucho y producen desasosiego para cierto tiempo y que por lo baladíes que son no es necesario oir, pues posteriormente uno se dá cuenta que no es verdad.

En un corazón pueden surgir diversos
amores mientras vive, pero el verdadero, el que
hecha raices y deja una huella imborrable, de
estos solo existe uno.

Del autor.