De los cincuenta y cinco a los sesenta años de edad.

Una vez terminado el período de observar mi organismo en cuanto al comportamiento de mi glucosa y conseguido el objetivo que me fijé de mantenerme estable física y mentalmente, empecé a disfrutar de mi situación. Entonces sí que ya podía permitirme ciertas alegrías, me encontraba muy bien y dominaba la situación. Tan solo debía tener cuidado en no olvidarme de los tres análisis de sangre al día y superar algunos altibajos que se producen en todo diabético por más que controle y vigile sus comidas. A los 55 años ya me dediqué de lleno a los asuntos laborales y de Seguridad Social. Nos apresuramos a hacer algún viaje por España, pues conocíamos varios países europeos y en cambio desconocíamos algunas regiones del propio Estado español. No obstante esto viene un momento que cansa y ya empezamos a decantarnos hacia cosas más tranquilas. Por ejemplo: Como digo en el apartado anterior hicimos una visita de una semana a Benidorm, nos gustó y acudimos allí cuatro años seguidos. Alquilábamos un apartamento por una semana a finales de junio y el resto del verano pasábamos los fines de semana en nuestro piso de Blanes donde también lo disfrutábamos pasando 15 días en Agosto. Lo compramos transcurridos dos años de casados y lo tuvimos hasta que Margarita cayó enferma. Allí también nos encontrábamos muy a gusto. Conocimos algunas familias muy agradables con las cuales intimamos y estábamos encantados con ello. Yo seguía con mis pinchazos, mi dieta y mi ejercicio y todo funcionaba de maravilla.

Cuando cumplí los 56 años empecé a pensar en que se imponía el estudiar y empezar a prepararme para la jubilación que ya se iba percibiendo en el tiempo. Entendía en que viene un momento en que una persona por dinámica que sea debe disminuir su actividad y empezar a acostumbrarse y tener conciencia que se acerca la tercera edad.

Fueron unos años preciosos, sin problemas de salud, pues todo se había solucionado. Margarita y mi madre llevaban la tienda y yo me dedicaba a lo mío. Nuestra economía era muy buena, nuestras relaciones con los amigos también y yo estaba encantado con mi mujer. Siempre tenía la misma cita en el pensamiento "mi mujer y yo somos todo el mundo". No teníamos hijos pero me sentía totalmente colmado de cariño y amor. No necesitaba nada más. Estaba lleno y completo. No podía pedir más. Y así alcancé los sesenta años de edad. ¿Quién lo hubiese dicho?. ¡Cómo me acuerdo de lo que comentaba a mis padres!. Decía: no llegaré a los 30. Después a los 40. Después a los 50 y ya estaba a los 60. Y lo más importante completamente bien, excepto estreses por el trabajo, pero esto era culpa mía que debía rectificar.

Sé que me haré repetitivo con ello pero no importa, tenedlo en cuenta. Si hacéis caso de mis experiencias, teniendo in mente la "homeopatía", los tres pinchazos con insulina al día, los tres análisis de glucosa en sangre, la dieta y el ejercicio, podéis estar seguros que os sentiréis recompensados con el bienestar de vuestro cuerpo, la mejoría en el carácter y larga vida digna de ser vivida. Incluso diré que podréis daros el placer de comer más hidratos de carbono si os apetece, pues lo podéis solucionar tomando alguna unidad más en la comida que deseéis hacerlo.

Quiero dejar aquí una recomendación, sin que sea mi intención alarmar a nadie, pero siento la obligación y necesidad imperiosa de comentarlo tal como yo pude experimentar: Hace algunos años (no muchos), un día me dirijo a la farmacia con las recetas para que se me dispensaran los tubos de insulina que necesito cada mes . Me quedé asombrado: me dicen que no tienen la insulina que yo usaba pues la de 40 unidades por centímetro cúbico dejaron de fabricarla. Había salido al mercado la misma pero de mayor concentración: eran tubos de concentración de 100 unidades por centímetro cúbico lo cual quiere decir que necesitas menos líquido para el mismo efecto.

Aquél cambio no me gustaba. Tuve que adquirir un bolígrafo especial para inyectarme las mismas unidades pero que contenía menos líquido. Como no tenía otro camino tuve que aceptarlo . Lo probé durante un tiempo " pero debo decir que a mí no me funcionó bien". Lo comenté con mi especialista endocrinólogo Dr. Figuerola y éste me dijo que en algunos casos se daba esta circunstancia.

Empecé a buscar e informarme si había alguna otra marca de insulina que siguiera saliendo al mercado con la graduación de 40 unidades por c.c., hasta que encontré una americana que sí lo hacía y que sigue haciéndolo. Para vuestra información os diré que se trata de "humulina Regular" de la casa Lilly. Comprobé durante algunos días sus efectos, haciendo otra vez el gráfico y me funcionó a la perfección. Desde entonces que sigo inyectándome esta marca y explicaré porqué: He llegado al convencimiento de que la absorción en el organismo no se produce por el mismo orden, dado que si hay menos líquido en las mismas unidades, cuando se absorbe lo hace más a borbotones y no tan paulatinamente y bien repartida como si se tratara de la de 40 unidades por c.c.
A mí me va bien así y así continuaré mientras exista esta clase.

Sin embargo debo deciros que con la insulina de 40 unidades por c.c. no existen los bolígrafos que se utilizan para la de 100; por lo cual deben usarse las jeringas normales y corrientes de usar y tirar (que yo personalmente uso una cada tres pinchazos) y no es tan práctico como los citados bolígrafos.

Deseo que todo este comentario sea tenido en cuenta por si se os ocurre cambiar, siempre que al propio tiempo se haya comentado con el médico que os trata. Él tiene la última palabra, aunque sí que el enfermo es quien manda en su propio cuerpo, pues mi teoría es que eres tú mismo el que comprueba las reacciones y las sufre si son negativas.

MÁS DE LO MISMO.-

Me gustaría hacer un inciso sobre las "hipoglucemias". Es muy importante para un diabético aprender a conocerse los síntomas de las antipáticas hipoglucemias. Por lo visto hay personas que se los desconocen y esto es muy peligroso, pues cuando se dan cuenta ya no están a tiempo. Ya han perdido la noción de las cosas y deben ser ayudados por otras personas que desconocen estas situaciones anormales en unos sujetos que más bien parecen borrachos.

Si alguno se encuentra en una situación semejante, debe acudir a su especialista y que le enseñe a distinguir tales síntomas. Pueden ser de diferentes formas: flojedad en las piernas o en los brazos, visión borrosa, taquicardia, sensación de mareo, pérdida de concentración, sensación de hormigueo en la lengua. Incluso diré que en cada una de las veces que se producen da un un síntoma diferente.

Sólo hay una solución: tomar de inmediato un zumo de naranja o medio terrón de azúcar si la hipoglucemia no es muy fuerte. Si lo és, entonces mejor un terrón. Ahora hay de venta en farmacias unos caramelos de glucagón, que son glucosa pura y hace el efecto muy rápidamente (que es lo que interesa). Si los familiares se dan cuenta que el diabético ha perdido la noción de las cosas y no sabe lo que se hace, en muchas ocasiones se niega o no puede tragar. Entonces no hay otra solución que llamar al médico de urgencias o llevarlo a un centro hospitalario para que le inyecten por vía intravenosa el glucagón citado.

Concedédme, Dios mío, serenidad para aceptar lo que cambiar no puedo, valor para cambiar lo que cambiarse pueda, y sabiduría para discernir la diferencia.
Dr. Reindhol Niebuhr.